domingo, 21 de octubre de 2012

La importancia de ser y estar

Sin saber muy bien cómo, de repente llega el día de tu 30 cumpleaños. ¿¿¿Treinta??? Yo nunca he usado ese número, no puede ser ¡¿cómo que treinta?!, si no me he dado cuenta del tiempo que ha pasado ni casi de cómo he llegado hasta aquí. Echas la vista atrás para asegurarte de que la vida que llevas la elegiste tú, de una u otra forma, que esas decisiones, una pequeña detrás de otra, te han llevado a donde estás ahora. ¿Quién eres? ¿qué quieres? ¿quién habías querido ser? ¿eres feliz con tu vida? ... Muchas preguntas para tan poca respuesta.
Tanta incertidumbre espiritual te dificulta la respiración. Las dificultades para respirar activan las alertas de tu cuerpo, te avisan de que algo no va bien. Durante un tiempo, parece que lo puedes controlar. Al menos, eso intentas. Después ya no. Ese tiempo lo ignoras, tratas de ocultar las señales que tu cuerpo te envía, confiando en no llamar mucho la atención y que nadie (sobre todo tu círculo más íntimo y al que más quieres) se dé cuenta de que lo estás pasando mal sin saber por qué. Con todas tus fuerzas procuras que nadie se preocupe por ti porque, en realidad, para esas personas sólo quieres lo mejor, darles lo mejor de ti, porque es eso lo que se merecen. A la larga resulta ser peor, ya que lo que eran al principio pequeñas señales ahora te dominan por completo y dejas de ser tú. Eres la desesperación personificada, un ser que hace que ocurra lo que precisamente lo que no querías que sucediese, pero además, elevado al cubo.
No hay una formula mágica (fenomenal, es lo último que te faltaba, que no haya un remedio rápido y eficaz) para devolverte a ser quien eras. Sólo medicación, terapia y PACIENCIA.
El tiempo pasa y crees que la fórmula mágica va surtiendo efecto, porque en realidad, aunque muy despacio, surte efecto. Pero tropiezas. Y la recaída es peor que la primera vez que caíste. Entonces crees que nunca podrás salir.
La medicación te la proporciona el médico, la terapia, tu psicólogo ¿Y la paciencia? ¿y la fuerza para seguir, para intentarlo una y otra vez?... ¡Ay!... justo la parte más difícil te la proporcionan precisamente las personas a las que no querías preocupar, a las que sólo querías dar lo mejor de ti.
Reunirte y pasar tiempo con esas personas te produce la misma ilusión que miedo a volver a cagarla. Y la cagas.
Aun así, siguen estando ahí. Supliendo tus necesidades, evitando agobiarte, sin decir nada y demostrando todo.
Porque sin vosotras no sería yo, porque sin vosotras no estaría aquí, porque sin vosotras no sería lo feliz que soy (pese a los pequeños y grandes baches), y porque en definitiva, respondéis a todas esas preguntas que no tenían respuesta.
Por y para vosotras.
GRACIAS

2 comentarios:

LG dijo...

Sabía que nuestra Toli no nos iba a decepcionar, e iba a escribir una entrada lo antes posible. Tenías que ser NR, como yo :)

Entiendo eso de "dar lo mejor de ti", pero es que a veces lo mejor de ti puede ser precisamente la debilidad, las dudas o las preocupaciones. Estar con alguien que siempre está en la cima del mundo resultaría abrumador, para casi todos, no sé si por eso de "mal de muchos...", o porque simplemente la gente que tiene malas rachas (y lo reconoce) es más humana y más sincera.

Para la paciencia y las preguntas existenciales de los 30 yo tampoco tengo remedio, esperemos que las R, más prácticas, la tengan XD

R1 dijo...

Hay que liberarse de la presión que muchas veces nos imponemos para "no defraudar" a los demás... Es que nos creemos las esposas de Barack Obama o algo así? Acaso una mala racha o un error nuestro pueden cambiar la Historia? Mecaguenlaleche, que somos de carne y hueso!

Veo mucha cadena invisible treintañera por aquí, ahora mismo me pongo a buscar un herrero!

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