Pero se podría decir que las cadenas invisibles son las ideas, las cosas o las personas que nos tienen atados a situaciones que nos bloquean, nos limitan o no nos acaban de gustar. Situaciones que, en definitiva, nos impiden ser o comportarnos como nos gustaría. Y últimamente y cada vez más, tiendo a pensar que ese "como nos gustaría ser" o "como nos gustaría comportarnos" no es otra cosa que "como somos en realidad" pero, por circunstancias varias, no hemos podido ser. Es una frase difícil de digerir al principio pero que, si lo pensáis, tiene todo el sentido.
Leía hace semanas el libro (para mí, maravilloso, en muchos aspectos) de Therese Bertherat, Correo del cuerpo, y recuerdo una escena que me gustaría describiros. Ella les preguntaba a los asistentes a su grupo de antigimnasia (que es la terapia que ella ha desarrollado) por qué estaban allí. Muchos le decían que era para eliminar molestias que sentían en diversos músculos o articulaciones, y que dificultaban su vida, o para mejorar sus condiciones físicas. Desde luego no es una respuesta descabellada: uno decide ir a una terapia corporal para "arreglar" o mejorar su cuerpo, por diversas motivaciones. Otras personas le decían que, en general, querían sentirse mejor con ellos mismos. Frase de moda donde las haya, todo el mundo quiere sentirse mejor con él mismo, aunque no se sepa muy bien qué implica esto. Otras personas averiguaban que, aunque al principio habían recurrido a sus clases para mejorar un dolor muscular o una postura, ahora lo hacían por motivaciones algo distintas que no conocían muy bien. Querían sentirse mejor, llegar a ser "mejores", más auténticos, conectar con su cuerpo, y ese tipo de cosas. Y luego, alguien dijo la respuesta que quizás estaba en el fondo de todas las demás respuestas: vengo aquí para ser la persona que estaba destinada a ser de no haberme encerrado en esta armadura. La armadura, supongo yo, de los convencionalismos, las imposiciones, los deseos que no nos pertenecen, las limitaciones físicas y mentales, las obligaciones, etc.
| via |
Me gustó esta escena del libro, que yo describo aquí de forma aislada pero que en el contexto tiene todo el sentido. Creo que quizás la petición expresa u oculta de todos aquellos que emprenden un trabajo corporal o una terapia psicológica cualquiera es precisamente esa: quiero ser como soy realmente, no como las circunstancias de la vida me han modelado, no con las estrategias que he tenido que emplear para sobrevivir y hacerme amado o respetado. No se me ocurre que exista un anhelo más profundo que este, precisamente: ser, al 100%, uno mismo. Como realmente es o quiera ser.
El ser uno mismo me recuerda a todas esas personas que, un buen día, se levantan y deciden que quieren rehacer su vida. Desde el principio. Esas personas que sin decir nada a nadie, y dejando detrás mucho dolor para los que los acompañaban, deciden "reinventarse" y empezar una nueva vida. Desde cero. De hecho, esta motivación es la que está detrás muchas veces de las personas adultas desaparecidas (una persona con la que mantenía largas conversaciones me dijo una vez: "no sabes cuánto daño hizo aquel programa de Quien sabe donde, hubo gente que se fue y no quería que se le encontrara"). No puedo imaginar cuánto dolor o qué cadenas invisibles o visibles han debido soportar esas personas para ver en la huida desesperada la única salida posible. Algunos dirán que decidirse a abandonarlo todo es un camino fácil. Yo no lo llamaría así. Dejarlo todo, planificar la huida con antelación para no ser encontrado (ya se sabe, hoy con las tarjetas de crédito y las tecnologías es prácticamente imposible desaparecer), decir adiós a lo que constituye nuestra vida y nuestra personalidad actual, y lanzarse a una aventura que no se sabe cómo va a desarrollar, no es una tarea que calificaría como cómoda o como fácil. Es como el que dice que es más sencillo dejar una relación que nos hace infelices que luchar con todas nuestras fuerzas para que vaya bien, intentarlo. Y yo me pregunto ¿intentar qué: sostener algo artificialmente porque se va a caer? ¿Eso es más lícito que ver la realidad, cuando es obvia? Siguiendo con las calificaciones de lo que es sencillo y lo que es dificultoso: ¿Realmente se podría calificar de sencillo abandonar una relación a la que nos hemos entregado, que nos ha calado, que nos ha llevado tiempo, amor y esfuerzo? ¿Realmente es sencillo superar el tremendo dolor de la pérdida? ¿No es acaso más fácil a veces, seguir "intentando mejorar" algo, que admitir que se ha perdido, que se ha acabado? ¿No es más fácil enfrentarse a lo conocido, aunque sea malo, que descubrir lo bueno?
| ¡Me largo de aquí! |
Por eso mismo, que una persona decida romper con todo no es para mí una tarea cobarde. Quizás uno se haya cansado de luchar, quizás vea que todo lo que le rodea lo limita, quizás sienta que si sigue con su vida "normal" se acabará acomodando a una situación que en el fondo de su ser sabe que no le gusta. Acomodarse a la vida, bajo la fachada de que "se está luchando por mantenerla" no es muy distinto de acomodarse a un matrimonio rutinario por no atreverse a dar el paso. Así que creo que detrás de esas personas que desaparecen, hay un drama que o bien no sabían como resolver, o bien no querían resolver, porque tenían la convicción interna de que "resolverlo" sería precisamente sucumbir a él. Sucumbir a ser "los de siempre", a no cambiar, a vivir al 70% porque esto no es tan malo con la gente desgraciada que hay en el mundo. Quizás esas personas estaban acostumbradas a sus cadenas, un día vislumbraron una vida mejor y sintieron que, o daban un giro radical, o esa visión se desvanecería bajo las pequeñas obligaciones y visicitudes de la vida cotidiana. Y entonces cualquier cambio sería imposible.
Uno puede decidirse a romper sus cadenas poco a poco, una a una, intentando causar el menor revuelo posible. Otro puede decidir que realmente no quiere romperlas, que se ha acostumbrado a ellas, que no le hacen daño, que incluso forman parte de su ser y su felicidad. Y otro puede decidir que no le importa en absoluto si tiene cadenas invisibles o no, es más, que no quiere ni preguntárselo. Y todo eso es tan respetable como el que se levanta un día y se quita las cadenas de golpe, a mordiscos o a martillazos, y empieza de nuevo.
Y con esto... creo que ya es más que suficiente como primer post. :-)
2 comentarios:
Cuán identificados nos sentimos con este inteligente post todos los que hemos sufrido o sufrimos esas sensaciones.
No creo que sea nada cobarde romper con esas cadenas por completo, ya que es una decisión dificilísima. En realidad, las cadenas forman parte de lo que tú eres. Por eso, es igual de complicado tomar la decisión de seguir arrastrándolas de por vida porque unidas a ellas, también están las cosas buenas que te han pasado en la vida; amigos, pareja, familia...
Precisamente la decisión es complicada, porque en la cadena que te sujeta, por ejemplo, a las amistades, habrá algunas que no quieras dejar atrás, otras sí... entonces, ¿a qué altura cortarías la cadena? No hay punto medio. Debes cortarlas o no. Difícil y dolorosa decisión. Nunca sabrás si tomaste o no el camino correcto, el que te hacía más feliz.
Interesante post. Estoy de acuerdo al 50%, fundamentalmente porque pienso que hay dos opciones igual de complicadas para romper cadenas invisibles:
- romper con el entorno (exterior), difícil pero muy doloroso
- romper con uno mismo (interior), más difícil pero quizá menos doloroso
Me gusta pensar que todos somos libres para elegir nuestros sentimientos y, por qué no, una gran parte de nuestro camino.
Publicar un comentario